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Jardines orientales, jardines zen,... En abstracto, el jardín japonés representa el paraíso y la unión del hombre con la naturaleza. La quietud y la paz que se respira en estos espacios orientales, va ganando adeptos poco a poco en Occidente. La sencillez es la base en estos jardines, pero son diversos los principios que deben ser respetados si se desea recrear este ambiente atípico, sereno y relajante.
Contrariamente a los jardines occidentales, los jardines japoneses son unas creaciones abstractas. Éstos no tienen como objetivo impresionar ni ofrecer un espectáculo, sino recrear una armonía natural. Por otra parte, la mayoría de los jardines orientales están situados en el mismo interior de la vivienda, sólo accesibles a las miradas familiares.
Otro principio básico del jardín “Zen” es eliminar las líneas rectas. La sinuosidad y las curvas evocan la flexibilidad, la ligereza y, sobre todo, el estado natural de las cosas. Los minerales no aplastan a los vegetales, sino comparten el espacio. Todos los elementos en un jardín japonés deben hacernos pensar que están en su sitio natural. Los más puristas hasta aconsejarían recolocar las piedras exactamente como estaban cuando las encontraste. No es necesario ir tan lejos, por supuesto. Simplemente hay que pensar con naturalidad y sencillez.
Una configuración estudiada
El primer aspecto que hay que considerar es, por supuesto, la superficie y la organización del espacio que hay que rellenar. Los jardines orientales tienen una ventaja: pueden ser concentrados en pequeñas superficies. No es necesario disponer de un terreno inmenso para crear un universo. Prueba de ello es el éxito de los jardines “zen” en miniatura que se venden como objetos de decoración.
También es importante la elección de los materiales y, sobre todo, su disposición, que debe ser bien meditada. El suelo nunca debe estar desnudo sino cubierto de grava, de guijarros de diferentes tamaños, o incluso de madera. Un suelo en enrejado, comprendiendo diferentes niveles, dará una sensación de relieve al jardín que lo potenciará. Las rocas, también de diferentes tamaños, no deben ser ni demasiado numerosas ni demasiado imponentes, sino ser algo discreto. |